Entrevista con Anna Roldós

Anna Roldós, autora de Hijos del destino.

Estamos en medio de la preventa de Hijos del destino y para que podáis podáis conocer un poco más de la novela, hoy tenemos a Anna Roldós para que pueda hablarnos un poco sobre la novela y los temas y elementos que hay detrás de ella.

Hijos del destino es una novela juvenil de ciencia ficción, donde el conflicto principal surge a partir de la tensión entre la convivencia entre los telépatas y los atelépatas. Vamos a dejar que Anna nos hable más sobre esto.

¿De dónde surgió la idea para Hijos del destino?

La idea surgió en varias fases.

En la primera, que empecé a desarrollar hace unos 16 años, la historia se centraba en una chica que tenía unas habilidades mágicas que la hacían diferente de su familia y por eso tenía que ir a una escuela especial para desarrollarlas. La ambientación era fantástica, y a pesar de que en la historia también aparecía la telepatía, era un rasgo muy diferente al que he ido desarrollando en posteriores revisiones.

Más adelante, cuando recuperé la idea y escribí la primera versión completa de la novela (hace unos 10-11 años), decidí cambiarle la ambientación y hacerla más realista con toques de ciencia ficción. Quería darle un papel muy importante a la telepatía como rasgo diferenciador entre aquellas personas que la poseían y las que no. En cierto modo, me inspiré un poco en la idea de la alta sensibilidad.

La alta sensibilidad es un rasgo que tienen algunas personas y que supone una mayor sensibilidad emocional y una mayor reactividad del sistema nervioso central (es algo así como sentir las cosas a un nivel mucho más profundo de lo normal). Puesto que la vida en general es mucho más intensa para estas personas, esto genera mucha incomprensión por parte de los que no sienten de la misma forma. Pienso que esto también se podría aplicar a otros tipos de neurodivergencias o incluso discapacidades. Al final, la sensación que queda en las personas «diferentes» es la de que, al ser una minoría, tienen que obviar su forma de sentir o de procesar el mundo y adaptarse a la sociedad para poder vivir con los demás.

Esta es más o menos la idea que quería explorar con esta historia. En Hijos del destino, este rasgo diferenciador se lleva al extremo, porque la telepatía genera miedo y rechazo al resto de la sociedad por lo que puede suponer: una invasión de la intimidad y del yo, y también la posibilidad de que esta invasión pueda usarse con fines maliciosos. Por eso, se obliga a los telépatas a renunciar a su telepatía para poder convivir con el resto de la gente. Sin embargo, esto supone ignorar que la telepatía forma parte de ellos y de su forma de procesar el mundo y que al exigirles que renuncien a una parte tan importante de sí mismos lo que en verdad les están pidiendo es que se anulen como personas para vivir en sociedad.

Por último, la introducción de la parte más centrada en la lucha política de los telépatas no apareció hasta la reescritura que hice hará unos 2-3 años y fue algo que me pidió la propia historia.

Tu novela recoge elementos clásicos de la ciencia ficción. ¿Cuáles son las obras que más han influido en tu escritura o en tu trayectoria como lectora?

Durante mi adolescencia hubo dos figuras relacionadas con la ciencia ficción que me marcaron muchísimo y, aunque con el tiempo he descubierto que se trata de personas que no merecen ninguna admiración, no puedo negar que sus obras causaron un gran impacto en mí, tanto como lectora como escritora, y que han influido en los temas que me gusta tratar en mis historias.

Una de esas figuras es Marion Zimmer Bradley, autora entre otras obras de la saga Darkover, de la que fui una fan acérrima. No sé cuántas veces he leído La herencia de los Hastur y, si conocéis la obra y leéis Hijos del destino, seguro que encontráis algún paralelismo, sobre todo en el tema de la telepatía. Gracias a la saga Darkover conocí obras que mezclaban la ciencia ficción y la fantasía, y que tenían un fuerte componente feminista y queer. Sin embargo, esta autora, que falleció en 1999, fue acusada por su propia hija de abusos sexuales y, además, encubrió a su marido que abusaba sexualmente de menores.

La otra figura destacada fue Orson Scott Card, autor de la saga Ender. Mis novelas favoritas y las que más me marcaron fueron aquellas que tienen como protagonista a Ender en el futuro, y el modo como se desarrolla el conflicto con los cerdis (una raza extraterrestre que, al tener costumbres propias, es vista como una monstruosidad por los humanos) y la descolada, una enfermedad que tiene un papel muy importante en estos libros. Es importante mencionar que Orson Scott Card es un homófobo militante que apoya y participa en asociaciones que luchan contra los derechos de los homosexuales.

Por último, hay otra obra que me marcó mucho, aunque no es exactamente de ciencia ficción, ni tampoco un clásico (aunque lo podríamos llamar un clásico moderno en la fantasía juvenil de nuestro país). Se trata de la saga Memorias de Idhún, de Laura Gallego. En este caso, la historia me marcó por la manera en que mezclaba la ciencia ficción y la fantasía, pero, además, al tratarse de una autora local me hizo darme cuenta de que quería convertirme en escritora, porque, aunque siempre había escrito mis propias historias, nunca me había parado a pensar que pudiera hacerlo de una forma profesional.

Por último, algunas obras de ciencia ficción que me han marcado como lectora han sido El hombre hembra, de Joanna Russ, una novela de ciencia ficción feminista con un humor muy ácido que denuncia la situación de la mujer de una forma magistral; Los desposeïdos, de Ursula Le Guin, en la que se muestra la supuesta utopía de Anarres en comparación con Urras (o incluso con otros planetas), que en realidad también tiene sus propios problemas, aunque el lugar sea más idílico que los demás; y en un plano más moderno Lágrimas en la lluvia, de Rosa Montero, por todas las tribulaciones de la protagonista y de la relación de los humanos con los replicantes.

Si hay un tipo de lucha que destaca en tu historia, es la lucha política. ¿Cómo preparaste este tipo de conflicto ideológico para desarrollar la trama? ¿Simpatizas con la ideología de alguno de los personajes?

Como he comentado en la primera pregunta, la parte política de la trama empecé a desarrollarla durante la última reescritura profunda que hice de la novela. El hecho que me llevó a incluir esta parte fue que, mientras trabajaba en la continuación de la novela, me di cuenta de que había muchas lagunas que rellenar en cuanto a la motivación de algunos personajes. Aunque había esbozado a Voice y al profesor Stern, en aquel entonces no tenía muy claro qué era “aquello por lo que luchaban”. Así que, al volver atrás, empecé a desarrollar los motivos que los impulsaban. Si los telépatas no se sentían aceptados como tal en la sociedad y lo reivindicaban en la novela, eso quería decir que había unas exigencias sociales y probablemente también una lucha política para alcanzarlas. Fue algo muy orgánico, una necesidad propia de la historia.

La verdad es que no me he inspirado en ningún conflicto real, ni me he documentado demasiado en ese sentido (todo ha ido saliendo de mi imaginación). Aunque es innegable que la realidad me ha ido influyendo mientras escribía, y de modo inconsciente he plasmado algunas cosas que vivía en la historia. Por ejemplo, el levantamiento estudiantil que tiene lugar en la novela lo escribí durante 2010-2011, época en la que tuvo lugar el Movimiento del 15-M y las manifestaciones estudiantiles en contra de los recortes en la educación pública. También por ese entonces tuvo lugar la Primavera Árabe, en la que diversos países se levantaron en protestas para exigir mejoras sociales.

Con esto no quiero decir que me inspirara directamente en esos sucesos, que en el fondo no tienen mucho que ver con lo que ocurre en mi novela, pero cuando sigues la actualidad es inevitable que esta cale de algún modo en tu obra.

Lo mismo me ocurrió al desarrollar la parte más política, algo que hice en 2017-2018, época de máximo apogeo del conflicto independentista en Catalunya, y que viví muy de cerca. Por no mencionar que desde 2016 formaba parte de La Nave Invisible, y en estos últimos años me he visto mucho más sumergida en las reivindicaciones feministas, no solo literarias, sino en general.

Sobre lo de simpatizar con la ideología de algún personaje, aunque no comparto los métodos del profesor Stern, hay una frase suya que me gusta mucho y que dice: “Y también podrías decirle que el único camino posible es encontrar el modo de convivir todos juntos, sin que ninguno de los dos bandos tenga que renunciar a la propia libertad o a una parte demasiado importante de sí mismos”.

Hijos del destino se ambienta en nuestro mundo, que se diferencia del nuestro por una serie de eventos que están recogidos en los archivos clasificados del sitio web oficial de la novela. ¿Cómo te preparaste para dar forma a la colonización de la Luna y Marte? ¿Hay algún artículo científico concreto que empleaste para explicar este proceso?

Cuando era más joven tenía una obsesión muy grande con el espacio. De hecho, mi “Treball de recerca” (una especie de Trabajo Final de Grado que se hace en bachillerato en Cataluña) trataba sobre Marte y su exploración.

Quería darle un toque científico a la colonización del planeta y que se basara en algunos datos “posibles” (aunque técnicamente no sea asumible hoy en día ni en los plazos que marco en la novela). Aunque como eso no es el centro de la historia, tampoco quería plantear una documentación muy exhaustiva ni técnica, primero porque era probable que ni yo misma la comprendiera, y segundo porque tampoco tenía espacio en una novela juvenil con un objetivo más social que científico.

Así que mi investigación consistió en buscar artículos de divulgación científica en Google y consultar la Wikipedia. Nada demasiado serio.

Siguiendo con el mismo tema, en Hijos del destino la sociedad avanza a partir del contexto social en el que nos encontramos. Parece que no hay discriminación por género y están afianzados elementos como el lenguaje inclusivo, que aún son rechazados por sectores conservadores de la población. Sin embargo, aparecen conflictos sociales nuevos y otras formas de discriminación. ¿Crees que debería haber más novelas donde se muestren sociedades que ya han superado nuestros principales problemas de discriminación, aunque tengan otros completamente distintos?

Es necesario que existan y se escriban obras que muestran y denuncien las discriminaciones a las que hoy en día se enfrentan muchísimas personas en nuestro planeta, por hechos tan insignificantes como su género, su orientación sexual o el color de su piel. Y es necesario porque si esas realidades no se reflejan, corremos el riesgo de que queden invisibillizadas, y ya sabemos que lo que no se ve, no existe.

Sin embargo, como escritora y lectora, esas narrativas me dejan exhausta emocionalmente, con la sensación de que el mundo es un lugar terrible, en el que la gente sufre y no se puede hacer nada para remediarlo. Tengo que consumirlas con mucha moderación y conocimiento de causa. Por eso, cuando escribo, lo que busco es imaginar lugares más “utópicos” en ese sentido, donde nadie sea discriminado por el género o el color. Historias más amables.

De todos modos, sigue existiendo discriminación en mis obras. Una distinta, que no tiene que ver con elementos que existan en nuestra realidad, pero que en el fondo no deja de ser una representación “enmascarada” de los problemas que tenemos hoy en día. Quizás escoger otros problemas es una forma de decir que en el futuro podremos eliminar la discriminación que existe en la actualidad, y que, aunque es posible que surjan nuevos motivos que de nuevo nos lleven a discriminar, si en el pasado pudimos superar esas situaciones, también lo podremos hacer en el futuro.

Así que volviendo a la pregunta (que me he ido un poco por las ramas): creo que tiene que haber obras de todo tipo, pero sí, las autoras y autores deberían atreverse a crear más mundos así, en los que los conflictos de este tipo estén superados (aunque existan otros) y en los que los motivos de los personajes no tengan que ver con su género, su orientación o su color de piel; mundos que den un poco de esperanza y que nos hagan pensar que un mundo mejor es posible.

Dicho esto, ¿a quién recomendarías tu libro?

¡Qué pregunta más difícil!

Supongo que se lo recomendaría a aquellas y aquellos que disfruten con las novelas de ciencia ficción con tramas políticas y reivindicaciones de minorías, también a los que disfruten de las novelas juveniles o incluso a las personas que les gusten los dramas familiares, porque en la novela hay un buen montón de eso. En realidad, pienso que es una novela muy variada que puede atraer a mucha gente distinta.

¡Ah! Y por supuesto a todo aquel al que le guste el tema de la telepatía.

Para acabar, Hijos del destino es la primera parte de una saga de ciencia ficción, cuya extensión aún está planeándose. ¿Puedes decirnos algo de lo que vendrá a continuación sin hacernos muchos spoilers?

Cuando terminéis el libro descubriréis que la historia acaba en un punto muy delicado, ya no solo para sus protagonistas, que parece que han fracasado en aquello que se habían propuesto, sino también en lo que hace referencia a la relación entre telépatas y atelépatas, que no está en su mejor momento.

Así que la próxima entrega se centrará en ver cómo evoluciona el conflicto, pero también en qué decisiones tomarán Ziven y Voice respecto a lo que les ha ocurrido en la primera parte, cómo lo sobrellevarán y qué van a hacer a continuación.

Buena parte de la acción se centrará en Chicago, que ahora se llama Dalton, un bastión telépata que vive aislado del resto del mundo. Además, los dos protagonistas se reencontrarán con viejos conocidos y también con nuevos personajes que se unirán a la trama.

Muchas gracias a Anna por darnos su tiempo para respondernos estas preguntas. Aún podéis reservar Hijos del destino y conseguir regalos exclusivos. En breves, daremos la posibilidad de conseguir la novela en digital para que podáis hincarle el diente por el #LeoAutorasOct.

¡No os perdáis esta magnífica novela!